En el minuto 78, Prestianni, el centrocampista del Benfica, intentó un regate a Camavinga, que no le salió. Poco antes había hecho otra jugada y se se encontraba marcando un partido inusual. Pero perdió esa pelota y, para su mala suerte, se encontraba cerca de la banda de los entrenadores: se llevó una bronca épica de Mourinho, que no entendía por qué había escogido la peor opción y no se encontraba presto a buscar ninguna excusa.
Le iba la vida y debía ganar al Madrid y según se iban dando los desenlaces , meter un gol más. Por eso , el entrenador, en la última jugada mandó a su portero al área blanca. Era a vida o muerte, había que dejárselo todo. Sacaron la falta y remató el guardameta. El cuarto, el de la pasión absoluta.
Eso fue el Benfica. Eso, en ningún momento fue el Real Madrid. Y ahí estuvo el partido, la derrota del equipo de Álvaro Arbeloa, tan parecido al grupo que adiestraba Xabi Alonso. Da Luz bajó la ilusión madridista que había nativo de Villarreal, matizó el entusiasmo y dio a entender que es necesario tiempo para continuar trabajando y perseverancia en los sacrificios. El efecto Arbeloa necesita ahora regresar a mostrar que lo que pasó en Portugal son reminiscencias del pasado, un accidente en un equipo en avance. Por el hecho de que la señales que mandó el Real Madrid fueron las que llevaron a Arbeloa al banquillo por Xabi Alonso: dejadez en la presión, nula aptitud para construir fútbol de ataque, dependencia de la capacidad de Courtois y de la efectividad de Mbappé y un carácter sin fruto cuando las cosas se complican. Tanto que las semanas de descanso se difuminaron por el hecho de que el equipo , que comenzó la día tercero, se quedó fuera de los ocho primeros, como ya le sucedió la temporada pasada.
Ya viene el pichichi a poner orden.
— Movistar Plus+ Deportes (@MPlusDeportes) January 28, 2026
El 12º de Mbappé en esta #UCL ✨. #LaCasaDelFútbol pic.twitter.com/MLaS9cpPP4
Y eso que el once que puso Arbeloa en el campo donde llegó la Décima fue una confirmación de que había encontrado el equipo , con Güler en el centro del campo al lado de Tchouameni en el centro del campo y Mastantuono en la banda derecha, como cerrando el debate del futbolista que debe ocupar ese lado. El desarrollo del partido volvió a abrir las dudas. El futbolista argentino mostró una versión que se vió mucho , demasiado esta temporada: nulo en ataque y sin ser efectivo en la presión al rival.
En el minuto 78, Prestianni, el centrocampista del Benfica, intentó un regate a Camavinga, que no le salió. Antes había hecho otra jugada y se estaba marcando un partido inusual. Pero perdió esa pelota y, para su mala suerte, estaba cerca de la banda de los entrenadores: se llevó una bronca épica de Mourinho, que no comprendía por qué razón había elegido la peor opción y no se encontraba presto a buscar ninguna excusa. Le iba la vida y tenía que ganar al Madrid y según se iban dando los desenlaces , meter un gol mucho más. De ahí que , el entrenador, en la última jugada mandó a su portero al área blanca. Era a vida o muerte, había que dejárselo todo. Sacaron la falta y remató el guardameta. El cuarto, el de la pasión absoluta.
Eso fue el Benfica. Eso, en ningún instante fue el Real Madrid. Y ahí estuvo el partido, la derrota del equipo de Álvaro Arbeloa, tan semejante al grupo que entrenaba Xabi Alonso. Da Luz bajó la ilusión madridista que había nacido en Villarreal, matizó el entusiasmo y dio a entender que hace falta tiempo para proseguir trabajando y constancia en los esfuerzos. El efecto Arbeloa necesita ahora volver a enseñar que lo que pasó en Portugal son reminiscencias del pasado, un incidente en un equipo en progreso. Porque la señales que mandó el Real Madrid fueron las que llevaron a Arbeloa al banquillo por Xabi Alonso: dejadez en la presión, nula capacidad para crear fútbol de ataque, dependencia de la habilidad de Courtois y de la efectividad de Mbappé y un carácter sin fruto cuando las cosas se complican. Tanto que las semanas de reposo se esfumaron por el hecho de que el aparato , que comenzó la jornada tercero, se quedó fuera de los ocho primeros, como ya le sucedió la temporada pasada.
Y eso que el once que puso Arbeloa en el campo donde llegó la Décima fue una confirmación de que había encontrado el aparato , con Güler en el centro del campo al lado de Tchouameni en el centro del campo y Mastantuono en la banda derecha, como cerrando el enfrentamiento del futbolista que tiene que ocupar ese lado. El desarrollo del partido volvió a abrir las dudas. El futbolista argentino mostró una versión que se vió mucho , demasiado esta temporada: nulo en ataque y sin ser efectivo en la presión al rival.
Sin él y con Mbappé y Vinicius sin asistir , esta vez con permiso del entrenador, el Real Madrid se descosió en relación el Benfica apuró un poco mucho más su pasión. Fue un aparato ciento por ciento Mourinho, con el puñal entre los dientes y muy afilado. En cuanto tomó cuerpo, el Madrid se vio perdido. Tchouameni se cargó con una amarilla que le pesó todo el acercamiento hasta que fue cambiado y Bellingham firmó una actuación del presente Bellingham. Se le ve esforzarse, correr, protestar o pedir la pelota, pero no queda clarísimo , por norma general , qué hace.
Atrás, mientras que , Huijsen pasaba por el partido de puntillas, como también hace mucho y Asencio mezclaba algunos momentos buenos, como el pase a Mbappé en el gol con fallos gravísimos por ir demasiado acelerado. Pero es que es su forma de jugar, no posee otra, para lo bueno y para lo malo, como la expulsión.
Así que el Real Madrid se refugió en Courtois como hace cuando no sabe qué realizar y el portero respondió todo lo que ha podido. Y todo cuanto ha podido con el belga es casi infinito, como se vio en una parad espectacular. No fue suficiente.
Y eso que se adelantó el Real Madrid en su única llegada. Centró Asencio y remató de cabeza Mbappé. La lengua francesa apareció un par de veces en el partido y marcó dos muchos , una efectividad fascinante y que hace realmente difícil criticar entonces su escaso peso en el aparato. Ahí pierde Vinicius la comparación. Pesó nada, pero no marcó.
Entre los tantos de Kylian, el Benfica marcó tres. El primero y el tercero, en transición; el segundo en un penalti por Tchouameni, que puede ser penalti, pero que frecuentemente no es así. Fue un agarrón que iba perdiendo fuerza cuando Otamendi se cayó al suelo. Era ahora el último minuto del primer tiempo y el equipo local remontaba. A ver , un tanto justo sí que parecía el marcador.
Qué salida del Benfica.
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Qué latigazo de Schjelderup.
El más difícil todavía para el Real Madrid.#UCL #LaCasaDelFútbol pic.twitter.com/99PASwFiJI
El tercero del Benfica llegó antes que Arbeloa fuera realizando unos cambios que, menos Rodrygo (que terminó expulsado), no asistieron. Metió a Alaba y también quitó a Güler, el único que ponía luz. Fue un cambio que sonó a que todo ha cambiado para que no cambie nada.
Apretó un tanto el Madrid hasta el momento en que el Benfica se percató que necesitaba un gol. Y lo marcó.
EL FÚTBOL ES UNA LOCURA 🤯.
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Trubin sube a rematar en la última jugada y marca de cabeza para mantener vivo al Benfica.
El Real Madrid se queda fuera del Top 8.#LaCasaDelFútbol pic.twitter.com/XCNjweP9XI

